Sobre el proceso creativo
Cada imagen requiere su propio tiempo. Primero en mi cabeza, va y viene, se mueve en todas direcciones, se va formando, construyendo. Pueden pasar varios días o un instante. Es impredescible el tiempo que durará este proceso. Puedo acelerarlo si trabajo en él, si busco elementos en mi entorno que colaboren en la construcción mental. Esta parte puede ser muy disfrutable y requiere de toda mi atención y presencia completa, me pide agudizar todos los sentidos.
En segundo lugar, cuando la imagen ya está completa en mi cabeza, hay que ponerla en papel. Aquí el lápiz y la goma son mis aliados y con ellos guío la imagen inicial que luego irá ocupando por sí misma un espacio propio. Con el lápiz y la goma tengo que ser sumamente paciente, pues el dibujo no sale de inmediato, va viniendo poco a poco, y tengo que relajarme para llegar a las formas precisas, y dejar también que sucedan cosas inesperadas.
Dado el primer boceto empieza la diversión y el juego. Los colores traen magia por sí mismos, a veces es difícil elegir y lo más conveniente es ir haciendo pausas, dejando que el dibujo respire, que viva y exista por sí mismo. Hay que verlo con ojos nuevos y luego hay que dejar de verlo por varias horas o incluso días. Pero tenerlo presente durante estas pausas por supuesto, dejar que nos acompañe en otras actividades, en ver el mundo y estar siempre listos para regresar al estudio y continuar el trabajo con frescura y determinación.



