Category Archives: De mi diario

Torres Humanas

Hace unas semanas fui a pasar un domingo a Sabadell para visitar a mi querido y entusiasta amigo Ciro, conocer su pueblo, su casa y su perro Chosto. Caminando por el pueblo nos encontrarnos con que en la plaza central había grupos de castellers en plena acción. Estuve tomando muchas fotos y luego platiqué con un casteller (un participante de los castells o castillos) que me explicó que esta tradición ha existido en Catalunya desde el siglo XIX y en un principio se hacía para celebrar el fin de la cosecha.

Cada grupo o colle viste un color de camisa distinto y está conformado por hombres y mujeres de todas las edades y complexiones físicas. Muchas veces son personas del mismo pueblo o región, pero cualquiera puede participar en las colles, sin importar su procedencia, afiliación o condición social. Cada uno, según su físico, ocupará un lugar al conformar el castillo. Se reunen dos veces por semana para practicar y después se presentan en plazas o fiestas populares. Se trata de una actividad donde la cohesion del grupo es lo más importante. No serviría de nada la fuerza de cada uno de los castellers por separado, es el esfuerzo y el ánimo colectivo lo que hace que la torre se levante.

Para acompañar y guiar la construcción de estas torres un grupo de músicos toca una melodía que va indicando la evolución del castell. Esta pieza se llama Toc de Castells y se toca con tambores y un instrumento llamado Gralla, que es parecida a una flauta. Este ritmo constituye el lenguaje del casteller, indica cuando el castell empieza a subir, los momentos en que los diferentes niveles se van colocando y celabra la llegada del Anxaneta, niño o niña que sube a lo más alto de la torre concluyendo así su construcción.

Ahora estoy leyendo en un reportaje del periodico que en Catalunya hay un total de 7,000 castellers agrupados en colles que van de 60 a 350 participantes. La torre más alta que se ha construido midió 10 metros y precisó de 600 personas. Hace unos días apenas la UNESCO declaró esta tradición como uno de los patrimonios inmateriales de la humanidad.

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Roberto Innocenti

Por medio de una nueva amiga, Paula Laverde, talentosa ilustradora y diseñadora mexicana que vive en Barcelona, me enteré que hoy había una conferencia del ilustrador italiano Roberto Innocenti en la biblioteca Benguerel.

Innocenti ilustró su primer libro a los 39 años. Antes de ser ilustrador trabajó como diseñador de carteles para cine y teatro, y antes, en su adolescencia, fue obrero en una fundición de acero. Ahora tiene 70 años y en 2008 le otorgaron el premio Andersen, el galardón más importante dentro del campo de la literartura infantil. 

Uno de sus libros más conocidos se llama Rosa Blanca, y narra la historia de una niña en una pequeña ciudad alemana durante la época Nazi. Las escenas de las ilustraciones de éste y todos los cuentos de Innocenti están pobladas de personajes y objetos delineados con mucho detalle y precisión.

Las dos ilustraciones que estoy añadiendo a este post son del libro que más me gusta a mi: El último refugio. En la conferencia Innocenti contó que hizo este libro cuando creyó tener una crisis de creatividad. El libro entonces cuenta la historia de un pintor que ha perdido su imaginación y de manera azarosa se hospeda en un misterioso hotel cerca del mar. Ahí se junta una multitud de personajes de los grandes clásicos de la literatura para niños y adultos: Long John Silver (el marinero cojo de la Isla del Tesoro); Huckleberry Finn; La Sirenita; Antoine de Saint Exupéry, Moby Dick, Don Quijote y Sancho Panza, Emily Dickinson, Peter Lorre y el Inspector Maigret de Georges Simenon. La actividad creativa del propio Innocenti y la referencia a los clásicos de la literartura se transforman en la materia prima a partir de la cual se construye la historia.

“Es verdaderamente difícil saber exactamente lo que hay dentro de uno mismo, más difícil aún es escribirlo, pero todavía lo es más dibujarlo.”
Roberto Innocenti


En busca de la otra Ibiza

Sí existe. Temía que fuera sólo una leyenda. Esa isla donde vivió Luisa. Y también Michelle. Ambas me había contado muchas cosas sobre Ibiza. La isla de la Diosa Tanit. Existe aún. Desperté cada mañana frente a Es Vedrá, la roca misteriosa al sur de la isla, era imposible dejar de verla. Se dice que es el lugar donde las sirenas hechizaron a Odiseo, pero es un hecho que esas rocas triangulares que salen del mar a cualquier viajero hipnotizan. Un lugar alquímico rodeado por agua y movimiento. Ibiza da la posibilidad de abandonarse al ritmo de la naturaleza. Olvidarse del sentido del tiempo, dejarse llevar.

Después de que los hippies la descubrieran en los años 60’s poco a poco comenzó a llegar el turismo de las agencias de viaje, entonces muchos edificios desfiguraron el paisaje idílico. Y claro están ahí las discotecas, las fiestas electrónicas, las drogas sintéticas, los veranos turísticos y las celebridades.

Sin embargo, como en una realidad paralela, sigue existiendo la otra Ibiza, la de los que soñamos con la vida simple y mágica en el campo con noches de cielo lleno de estrellas y huertos con frutas y verduras. Donde la gente que conoces no te pregunta quién eres ni a qué te dedicas, donde puedes oir y contar historias irrepetibles de todas partes del planeta. Un lugar de encuentro de piratas. Un faro, el mar, campos de olivo, almendras, higos y romero. Y mi alma que resuena con esas vibraciones.

La geografía de la isla la ha hecho ser, desde la antiguedad, un lugar de comercio e intercambio en las rutas mediterráneas. Los fenicios la nombraron Ibossim en honor del Dios de la música y la danza. Después estuvieron ahí los romanos, los griegos, los asirios, los cartagineses, los árabes del norte de África, los turcos, los ibéricos. Posteriormente fui invadida por los Noruegos, y luego por los cristianos en época del Rey Juan de Aragón.

Actualmente un 55% de los residentes en la isla son Ibicencos, nacidos en la isla, después hay un 35% que son inmigrantes de la península, y el 15% restante son Alemanes, Ingleses, Franceses, Lationamericanos, Marroquíes, Argelinos, Italianos, Holandeses, Estadounidenses, Neozelandeses, Gitanos. Un mozaico. Las mezclas, ese es el secreto de la isla para mantenerse viva.

Al rededor de esa mesa

Al rededor de esa mesa que todavía no tengo están sentados ya muchos invitados. Es una mesa redonda y está llena de comida que hace hablar y reir. Esa mesa es el centro de una casa que todavía no existe. Una casa con ventanas que abrazan el sol, ese sol que en esta noche es abrazado por otros.
Esa casa está llena de libreros para guardar libros que ya existen, libros leídos por mis ojos, libros deseosos de hablarle a otros corazones.
Los invitados que están sentados al rededor de la mesa hablan de su presente que hoy es futuro. Mezclan risa con llanto, porque ya crecieron, porque ya vivieron, porque han formulado nuevas preguntas que ahora sólo existen como respuesta. Yo los oigo y los quiero. Los veo y pienso en ahora, que ahí es pasado y aquí es presente. Y las anécdotas se confunden de año, pues los años son sólo números, ni falsos ni verdaderos, ni buenos ni malos, sólo números para retar al tiempo.
Al rededor de esa mesa que todavía no tengo están sentados los otros soñadores de este sueño que hoy si existe. Ellos me ayudan a soñarlo, y por eso los invito a la fiesta.